INFORME DE LA DELEGACIÓN ITALIANA [MDN] SOBRE SU VIAJE A PAKISTÁN

 
     
 

UNA DELEGACION ITALIANA SE REUNIO CON MUJERES DE RAWA Y HAWCA Y OTRAS ACTIVISTAS POR LA PAZ Y LOS DERECHOS HUMANOS EN PAKISTÁN

La delegación de Mujeres de Negro italianas y de mujeres del parlamento italiano y europeo ha vuelto de Pakistán y envía este informe:

Ha sido una semana muy intensa, caracterizada por encuentros, visitas y contactos muy emotivos. Las mujeres de RAWA <www.rawa.org> y HAWCA <www.hawca.org>, que conocimos allí, han trabajado mucho. Ha sido asombroso ver como ellas se organizan para cubrir las necesidades básicas de las y los refugiados, para abrir escuelas y ofrecer asistencia sanitaria y psicológica; todo esto entre enormes dificultades y con escasa ayuda de las organizaciones humanitarias internacionales. Visitamos los campos de refugiados y las escuelas donde trabajan estas mujeres. Hay lugares donde el nivel de pobreza es alarmante, pero son enormes los esfuerzos por preservar la dignidad, la cultura y la socialización. Una de las integrentes de ACNUR en la zona nos decía que los campos de refugiados gestionados por las mujeres de RAWA eran incluso mejores que algunos pueblos de pakistaníes, y esto dice mucho sobre el trabajo que logran desempeñar. Los fondos (unos 12.000 dólares) que habíamos recaudado en Italia y que han sido repartidos entre las dos organizaciones, RAWA y HAWCA, no son sino una pequeña ayuda para todo el trabajo hecho y que siguen haciendo estas mujeres. Nos han recomendado, que cuando volvamos a Italia demos las gracias a todos los donantes: a la vez que lo hacemos, queremos recordaros que una pequeña suma de 15 dólares por mes es suficiente para garantizar la supervivencia de una familia entera.

La situación de los refugiados en Pakistán es dramática. El país es muy pobre y el 40% de la población vive bajo el umbral de pobreza. Durante los últimos 20 años Pakistán ha dado refugio a más de dos millones y medio de personas y su número aumenta a pesar del cierre de las fronteras. Aquellos que consiguen cruzar la frontera, intentan encontrar a familiares o amigos que viven en los campos de refugiados más antiguos. Los nuevos campos (tiendas de plástico en las que hace demasiado calor en verano y mucho frío en invierno) están ubicados en tierra de nadie donde la ayuda básica es casi inexistente. Estos campos son lugares propicios para reclutar hombres que quieran luchar por la jihad y niños que puedan ser enviados a la madraza (escuelas coránicas de los taliban).

Muchos de los refugiados, particularmente las mujeres, quieren contarnos sus historias; quieren sentir que hay alguien en el mundo que se preocupa por ellas. Durante los últimos 20 años, estas mujeres afganas no han visto otra cosa que guerra en su país. Su libertad fue coartada hasta el extremo de que les estaba prohibido hacer cualquier ruido al caminar. Muchas de estas mujeres han respondido valientemente a la opresión trabajando clandestinamente para sobrevivir y asegurar a sus hijas derechos básicos como la educación y la sanidad.

Las mujeres de RAWA adoptan una posición clara en relación a los últimos acontecimientos: quieren a los taliban fuera del país, pero están atemorizadas con la perspectiva de un gobierno organizado bajo la Alianza del Norte. Todavía está fresco en la memoria lo que hizo la Alianza al país y a la población después de la invasión de la URSS; recuerdan la devastación, la tortura, la violencia perpetrada contra las mujeres y los niños. Lo que ellas quieren para acabar con este derramamiento de sangre y con la guerra es que todos los miembros de la sociedad civil y las asociaciones que han trabajado y luchado por su tierra durante todos estos años, se junten en una asamblea representada por la persona neutral del antiguo rey, y que participen de las discusiones sobre el futuro gobierno de Afganistán. Pero antes de eso, es importante parar las bombas, porque son los civiles las víctimas principales. Muchas de las bajas son de civiles y los niños sufren todavía serios problemas psicológicos debido a las bombas (se asustan incluso con el sonido de un cuchillo cayendo al suelo). Muchos están intentando todavía salir de Afganistán, a pesar de las condiciones que les esperan, que ya hemos mencionado antes. Además, nos gustaría señalar que algunas veces la situación es empeorada por la burocracia: la oficina del ACNUR en Peshawar abre sólo algunas horas y algunos días a la semana, los refugiados tienen que conseguir y rellenar un formulario (ży que pasa con los analfabetos?) y, cuando lo logran, tardan unos seis meses en recibir una respuesta.

Queremos terminar diciendo que nuestro trabajo continúa: seguiremos buscando fondos para RAWA y HAWCA y organizando delegaciones que visiten los campamentos en Pakistán.

27 noviembre 2001

[Traducción: María Palomares Arenas]