SIMA SAMAR, MÉDICA AFGANA, DEL FRÍO AL NUEVO GABINETE

 
     
 

Las amenazas de muerte no la detuvieron. Tampoco la hicieron lenta los bombardeos. Pero el prospecto de servir en el gobierno provisional de Afganistán la hace reflexionar.

Sima Samar, médica de 46 años, estaba en Canadá para aceptar el prestigioso Galardón a la Libertad John Humphrey cuando se enteró que el nuevo gobierno de coalición afgano la había nombrado como una de las cinco vice primeras ministras y una de las dos mujeres en el gabinete. "Me hace más feliz el galardón que el nombramiento", bromeó.

"La doctora Samar arriesgó su vida para ayudar a otras personas", dijo Kathleen Mahoney, presidenta de la organización Derechos y Democracia y del Comité del Galardón John Humphrey. "En realidad, lo han hecho todas nuestras personas nominadas en los últimos años. Una mujer que estuvo en nuestra lista para el galardón de este año murió el mes pasado en México".

A través de su organización, Shuhada, la doctora Samar dirige cuatro hospitales y diez clínicas en Afganistán, además de un hospital en Quetta, Paquistán. También en Afganistán dirige 48 escuelas a las que asisten más de 20 mil estudiantes. "Algunas de mis alumnas caminan cada día a la escuela tres horas de ida y tres de vuelta para poder estudiar", dijo.

Más de mil niñas refugiadas afganas asisten a las escuelas de Samar en Quetta. Ella inició la primera escuela en 1987 "y ahora tenemos tres generaciones de niñas graduadas", agregó.

Pequeña, con cabello marrón liso y brillantes ojos verdes, la doctora Samar habla suave y claramente, ya sea que se encuentre en un escenario apoyada sobre el podio o sentada en una silla durante una plática con otra persona. Media docena de agentes de la Real Policía Montada Canadiense la siguen a una distancia discreta.

La doctora Samar enfatizó que su propia educación tuvo lugar en Afganistán, "en escuelas co-educacionales. Me gradué de médica en la Universidad de Kabul en 1982". Había crecido en una democracia. "La Constitución de Afganistán otorgaba a las mujeres el derecho al voto y a desempeñar cargos públicos. Había mujeres en el gobierno. Éramos un país pobre, pero un país pacífico".

Luego los rusos invadieron y el país entró en guerra. La vida se hizo caótica. Los rusos controlaban las ciudades y los mujaidines regían en las áreas rurales. Los hospitales urbanos se deterioraron y los centros de salud rurales fueron destruidos por bombardeos.

Pero la condición de las mujeres realmente empeoró durante las guerras civiles que tuvieron lugar después de la retirada de los rusos. "Los mujaidines rechazaron todo aquello que a los rusos les gustaba", dijo Samar. Ellos cerraron las escuelas. "Las únicas escuelas eran religiosas". Y TODAS las facciones mujaidines impusieron restricciones a las mujeres.

Ahora hay cuatro millones de personas afganas refugiadas en Paquistán y millones más en Irán. De los 27 millones que vivían en Afganistán en 1990, se estima que quedan 20 millones. Pero nadie sabe a ciencia cierta. "Esta emergencia ha durado 23 años", dijo la médica.

La nueva carrera de la doctora Samar como administradora empezó cuando ella escapó hacia Paquistán en 1984. "Me fui con mi estetoscopio y un libro médico". Como voluntaria, trabajando en los hospitales de los campos de refugio, se percató de que todos los pacientes eran hombres. Más aún, "los hospitales estaban abiertos únicamente desde las 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde", dijo, "pero las mujeres no conseguían parir a sus bebés sólo en esas horas".

Una visita a la agencia de ayuda de las Naciones Unidas fue infructuosa. "Pregunté cuáles programas tenían para mujeres", recuerda, "y el funcionario dijo que él no había visto ninguna mujer. Le dije, 'El que usted no las mire no significa que ellas no estén allí. żVe usted todos esos hombres combatientes? Ellos vienen de mujeres'".

Luego una joven mujer falleció por preeclampsia mientras la doctora Samar y sus asistentes buscaban la llave para abrir la sala de partos. El padre de la mujer lamentó la falta de cuidados hospitalarios para partos, pero advirtió que abrir un hospital para mujeres podía ser peligroso. La doctora Samar le dijo, "Si me da el dinero, yo haré el trabajo y usted puede permanecer oculto". Fue así como financió su primer hospital para mujeres.

Administrar un hospital, sin embargo, requería de enfermeras, así que ella empezó a capacitarlas. Fue entonces que comenzaron a llegar las amenazas de muerte. "Recibí muchas cartas y llamadas de personas que decían que iban a matarme", relató, dando poca importancia a las amenazas.

Ha habido bajas, año tras año. "A otras médicas les han disparado", dijo la doctora Samar, "y una fue asesinada. Un hospital fue bombardeado y murieron tres miembras del personal. Los talibanes saquearon varias veces nuestra escuela secundaria; se llevaron cemento, puertas y ventanas".

Los cuidados de salud para mujeres involucran temas sensibles, tales como alumbramiento y planificación familiar. "Yo ponía los dispositivos intrauterinos en mi bolsa antes de ir a los campos", relata. "Cuando estaba con las mujeres, se los ofrecía. Les decía, 'ocho niños son suficientes...', 'diez son suficientes...', 'doce son suficientes...'. Tu esposo no se va a enterar".

Otra gran pasión de la doctora Samar es la educación. "Teníamos educación gratuita, desde la primaria hasta la universidad. No era sofisticada, pero sí era sólida. A una médica o un médico de la escuela de medicina de Kabul se le aceptaba en Europa. Ahora la mayoría de nuestra gente es analfabeta y hay una generación entera que nunca ha asistido a la escuela, debido a la guerra".

Además de las escuelas primarias y secundarias, relata la doctora Samar, ahora ella tiene una pequeña universidad. "Nuestras primeras escuelas estaban bajo los árboles", dijo. "Ahora tenemos casas. Son pequeñas, de barro, con una sola habitación. Y tres estudiantes comparten un libro. Pero están bajo techo".

Afganistán enfrenta la enorme tarea de la reconstrucción. "No ha quedado un sistema político en absoluto en el país", dijo la médica. "Ni siquiera hay papel. Toda nuestra historia se ha ido, está destruida. Nada se ha preservado. Cuando los rusos se retiraron en 1992, las ciudades fueron destruidas por diferentes facciones que querían gobernar el país. Luego vinieron las bombas".

Pese a todo, la doctora Samar tiene esperanzas para el futuro. Al preguntársele qué le diría al pueblo estadounidense si pudiera decir sólo una cosa, dijo: "El pueblo de Estados Unidos debería presionar a su gobierno para que no cometa el mismo error que antes". Cuando los rusos se fueron en 1992, [Estados Unidos] "realmente nos dejó atrás. Cerró todas sus agencias de ayuda y simplemente se fue de Afganistán".

En ese momento, las ciudades afganas aún estaban en pie. Los sistemas político, educativo y sanitario todavía funcionaban. Durante casi una década, las facciones mujaidines (la mayoría armadas y entrenadas por Estados Unidos) asolaron el país en una feroz guerra civil.

"Quedamos ahí con nuestros huéspedes árabes", dijo la doctora Samar. "Y ésa fue realmente la mayor tragedia. La ayuda humanitaria internacional habría podido prevenir este problema. El pueblo afgano fue el verdadero rehén. Había masacres y destrucción en Afganistán. Había fuegos y asesinatos. Y Estados Unidos guardó silencio. Ahora el presidente de Estados Unidos dice, 'Estamos combatiendo el mal. Este mal estuvo en Afganistán durante años'".

Si Estados Unidos y otros poderes mundiales no ayudan a reconstruir Afganistán, advirtió la médica, ocurrirá lo mismo una vez más. Aun con cantidades masivas de ayuda, la reconstrucción será un desafío. "Es un largo proceso, y no será fácil", dijo con un suspiro y una sonrisa, "pero no vamos a rendirnos".

[Por Penney Kome <pkome@shaw.ca>
Calgary, Canadá, 8-XII-2001]

[Traducción: Laura E. Asturias
Guatemala
Editora, revista feminista *Tertulia*
*Tertulia* http://www.geocities.com/guatertulia ]