LOS OLIVOS TAMBIÉN SUFREN EN PALESTINA  
     
 

Acaba de terminar, el 18 de octubre, en Sharm el Sheij, la cumbre que habría debido poner fin a la violencia en Palestina e Israel, pero en Palestina se continúa muriendo, no sólo a manos de los soldados sino también a manos de los colonos, que ya no son estudiosos de la Torah, como muchos periódicos nos dan a entender, sino en su gran mayoría fanáticos fundamentalistas, convencidos de que esa tierra es suya por derecho divino y que, por tanto, pueden vivir robando a los palestinos agua, tierra y vida en los territorios ocupados en 1967 en la guerra "preventiva" desencadenada por Israel.

Es así como Farid Moussa Issa Massassrah, de 28 años, ha sido golpeado a muerte por colonos que bajo la protección de los soldados israelíes han atacado a los palestinos, que estaban recogiendo aceitunas en sus campos; otros tres miembros de la familia han sido gravemente heridos. Otros han muerto en Belén, Gaza y Nablus, todos alcanzados por armas de fuego.

También los olivos sufren. En Jenin, la mañana del 18 de octubre, colonos hebreos han destruido 55 dunums de árboles. Mi amiga Hagar Roublev, Mujer de Negro israelí, contraria desde siempre a la ocupación, el 20 de agosto, mientras mirábamos los olivos en la isla de Paros, en Grecia, el día antes de su muerte me decía: "Qué hermoso es estar en un país y mirar los olivos sin tener que pensar en una pobre campesina palestina que ve los árboles arrancados por los soldados o por los colonos israelíes."

Es tiempo de cosecha en Palestina, Zahira Kamal, nuestra amiga, ciudadana honoraria de la ciudad de Bolonia, me dice por teléfono: "Estamos encerradas otra vez, peor aún que durante la Intifada, ahora los israelíes han cerrado también las calles de las aldeas y han colocado grandes bloques, nunca podremos ver tan bien como ahora los resultados de las áreas A - B - C (acuerdos de Oslo, área A control palestino, área B control administrativo palestino y para la seguridad(!) soldados israelíes, área C enteramente bajo control israelí ndr), es el tiempo de recoger las aceitunas y no podemos ir a los campos. Una vez más nos están golpeando económicamente. No, no puedo ir a Italia, estamos encerrados. El aeropuerto de Gaza está cerrado, está prohibido partir de Tel Aviv. Estamos prisioneros. El día del bombardeo han cortado las líneas telefónicas. Ha sido una pesadilla. Los niños estaban en la escuela, no nos podíamos comunicar, estábamos desesperados. Nosotras, las mujeres, continuamos manifestándonos en el interior de las ciudades bajo control palestino, pero los periódicos y las televisiones difunden tan sólo las escenas de jóvenes palestinos armados que alzan sus fusiles, en lugar de difundir nuestros llamamientos a la paz, una paz con derechos por supuesto. No somos nosotros los que ocupamos militarmente a los israelíes, son ellos. ¿Dónde está el derecho? ¿Dónde está la ONU?"

Ya, la ONU, Kofi Annan ha ido a Jerusalén, la ciudad de las piedras, ha ido también Javier Solana por la Unión Europea, tratando de jugar un papel que se ha delegado a los EE.UU. (por cierto no mediadores imparciales) y a los dictados (diktat) de Israel: no queremos interferencias que puedan recordarnos que en la comunidad internacional existe también el derecho, el de que no se ocupen territorios (resolución de la ONU 242-338), el que los refugiados tengan el derecho al retorno (resolución de la ONU 194), que no se construyan asentamientos en territorios ocupados (Convención de Ginebra), que no se torture, que no se dispare sobre la muchedumbre con la orden de disparar a la cabeza, que no se mate a los niños.

He aquí el victimismo israelí: su embajador en Bruselas, unos días después del asesinato en directo de Mohammed, niño de doce años muerto mientras estaba llorando y tratando de guarecerse detrás de la figura impotente de su padre, herido también, decía, frente a los parlamentarios europeos que la responsabilidad era de los palestinos, tan crueles como para enviar sus niños a la calles a hacerse matar para después poder conmover al mundo. No estaba presente, no sé cuál hubiera sido mi reacción. No hay ninguna responsabilidad israelí. ¿Pero quién dispara? ¿Quién da orden de disparar? Lo hacemos tan sólo para defendernos, dicen los jefes militares. Se ve por las hondas y las piedras de los jóvenes palestinos que están cansados de vivir segregados y humillados.

Sería sencillo devolver la calma, bastaría que se retiraran los soldados israelíes de los territorios ocupados.

Cierto que existe violencia palestina. Cada vez que veo un fusil alzado me estremezco. El linchamiento del soldado israelí ha sido atroz, y también la destrucción de la tumba de José, no sólo lugar sagrado sino parte de la historia de la arquitectura palestina. Frente a esto, sin embargo, la autoridad palestina ha pedido disculpas, ha dicho que castigará a los culpables y ha comenzado ya la reconstrucción de la tumba. No he oído nunca a Barat, o a otros dirigentes, pedir disculpas o asumir responsabilidad alguna, por no hablar de masacres como las de Sabra y Chatila, ordenadas por Sharon. Desde el 27 de septiembre, día de la nefasta visita de Sharon a la esplanada de las mezquitas, los palestinos muertos son más de 130, entre ellos 50 muchachos, más de 4.000 heridos, y el sistema hospitalario palestino está colapsado. Piden ayuda y los medicamentos llegados de Egipto han sido bloqueados en la frontera de Rafah. Las ambulancias están siendo bloqueadas y no pueden tan siquiera llegar hasta donde están los heridos. Pero es inútil, Israel queda impune.

Es necesario poner fin al sufrimiento y a la violencia.

Es indispensable hacer un llamamiento a la paz, palestinos e israelíes tienen necesidad y derecho a ella, pero no puede haber paz sin justicia y sin el reconocimiento del otro, un paso político y cultural que el gobierno de Israel deberá dar. Arafat y los líderes palestinos lo han hecho cuando el 15 de noviembre de 1988 han declarado el estado de Palestina en los territorios ocupados en 1967, reconociendo de esta manera al Estado de Israel. La población palestina lo ha hecho cuando ha votado en 1996 el Consejo Legislativo Palestino. Muchos israelíes lo han hecho. Son los israelíes y entre ellos las Mujeres de Negro quienes también hoy se manifiestan, como nos estamos manifestando nosotras para decir: que callen todas las armas, que se retire el ejército israelí, que se reconozca al Estado de Palestina y pueda coexistir con el estado de Israel, que Jerusalén sea una ciudad compartida, capital de dos pueblos y dos estados.

Mientras tanto nosotras las mujeres volveremos a Jerusalén junto a las mujeres israelíes y palestinas, lo hemos confirmado una vez más en el encuentro de la red internacional de Mujeres de Negro de Bruselas, con ocasión de la Marcha Mundial de Mujeres. Volveremos una vez más para tejer los hilos de la solidaridad con el desafío de poder construir puentes de paz en el derecho y en la justicia contra los que creen que sólo con la fuerza y el dominio se debe gobernar y vivir en el mundo.

Luisa MORGANTINI

mujer de negro

Bruselas, 18.10.2000

[traducido del italiano por Charo Altable]